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COMUNIDAD DE FE

Nuestra fe se apoya en la confianza incondicional que Dios ha puesto en nosotros, al amarnos y llamarnos en Jesucristo. A partir de ese Amor, la fe es respuesta nuestra a la vocación recibida. Fe es seguimiento de Jesús: ser como Jesús, vivir con Él y desde Él. La fe nos hace felices y nos construye como personas, hijos de Dios, movidos por el Espíritu, consagrados por el Bautismo y por nuestra profesión religiosa. Sentimos la alegría de vivir la presencia de Dios día a día.

Vivimos la fe en la vida cotidiana, una “fe del corazón” que abarca a toda la persona y nos hace mirar al mundo (creyentes o increyentes) y la historia, con los ojos de Dios (espíritu de fe).

Celebramos esa fe diariamente, celebrando juntos la oración de la Iglesia (Laudes y Vísperas) y la Eucaristía, centro espiritual de nuestra jornada. Dedicamos también una hora diaria a la oración personal.

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COMUNIDAD DE VIDA

Jesús formó con sus discípulos un grupo al que educó en el Evangelio, le dio su Espíritu y les envió en misión. La comunidad cristiana de Jerusalén que nació definitivamente en Pentecostés, es la referencia clave de la comunidad religiosa marianista: “un solo corazón y una sola alma”. Queremos revivir cada día la alegría de esa comunión de vida: tenerlo todo en común y compartir lo que somos y tenemos (voto de pobreza); querernos unos a otros y abrir nuestra casa como compromiso de acogida y apertura a todos (voto de castidad); y estar disponibles para ir a donde se  nos pide, en desinstalación, abriendo nuevos caminos (voto de obediencia).

Nuestra comunidad quiere ser un reflejo de la Iglesia y a la vez ofrecer un modelo de Ella: convivimos laicos y sacerdotes en igualdad y paridad (“composición mixta”). La comunidad es más que un grupo de amigos pues no elegimos con quién vivir. La comunidad es un don que nos educa en la entrega a todos, aceptando las diferencias como una riqueza y un reto. En ella vamos creciendo en fraternidad y en amistad. Cada semana nos reunimos un largo rato, para dialogar, revisar nuestra vida y proyectar juntos. También dedicamos tiempos a lo largo del año a convivir juntos, relacionarnos con otras comunidades y compartir con otras ramas de la Familia marianista. 

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COMUNIDAD DE MISIÓN

“La tarea de la evangelización de todos los hombres constituye la misión esencial de la Iglesia” (Evangelii Nuntiandi 14). Porque ella nació para comunicar el don recibido de Jesucristo y del Espíritu. La Vida consagrada recibe siempre una vocación de servicio, de misión: bien ofreciendo el mensaje de la centralidad de Dios en la vida y la acogida permanente para orar y convivir (Vida consagrada contemplativa), bien ofreciendo la Palabra y ejerciendo múltiples ministerios de formación, sanación o misericordia (Vida consagrada apostólica). La VC siempre ha querido ser en la historia de la Iglesia, una profecía y un signo, constructora de comunidades nuevas, manantial de espiritualidad y fuerza para abrir caminos al Evangelio en el mundo.

Los religiosos marianistas nos sentimos siempre en misión, con la marca específica del carisma: universal, para formar en la fe, con impronta comunitaria, en alianza de consagración con María. En la “provincia de España” hemos desarrollado una larga historia de educación (colegios, centros o compromisos de educación no formal, formación en la fe), proyectos culturales y sociales de alcance nacional o internacional (Fundación y Grupo editorial SM, apoyo a la lectura para niños y jóvenes), compromisos eclesiales diocesanos (parroquias), iniciativas sociales desde la fe, trabajo por la Justicia y la Paz.

Sentimos la alegría y la responsabilidad de trabajar al servicio del Evangelio, en Iglesia, para el mundo de hoy.

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LA ALIANZA Y EL ESPÍRITU DE MARÍA

Los religiosos y religiosas marianistas llevamos todos un anillo en la mano. Es nuestro signo de la Alianza de consagración. Alianza con Dios en Jesucristo: consagrados por nuestro bautismo, como todos los miembros de la Iglesia. Alianza con María, que nos dijo “Haced lo que Él os diga”. Ella nos comprometió con la Palabra de su Hijo para la misión de Él. María es la nueva Mujer-Iglesia, con la que nos sabemos en misión permanente. El anillo lo recibimos los religiosos al hacer nuestra profesión definitiva, como símbolo de consagración perpetua. En esa profesión nos comprometemos por un 4º voto (Estabilidad o Sí definitivo a la Alianza en la Compañía de María). Por él queremos vivir siempre y extender el “espíritu de María”: es la espiritualidad marianista que compartimos con las ramas de la Familia. Este compromiso vital y misionero lo actualizamos diariamente al rezar la oración de consagración al comienzo de la jornada

¿CÓMO SE SABE SI EL SEÑOR LLAMA A ALGUIEN A SER RELIGIOSO MARIANISTA?

¡ Pues igual que uno sabe que otra persona me atrae para comprometerme con ella y casarme, o entregarme a una misión común con alguien ! Es una cuestión de enamoramiento. La Vocación es una atracción de amor. No hay llamada sin pasión de amor. Este año los religiosos hemos recibido un regalo de Roma, en forma de documento, que es el “Cantar de los cantares” como parábola de la VC (“Contemplad” 2016). Uno comprende así por qué el Cantar ha cautivado tanto a los místicos, a Teresa o a Juan de la Cruz… ¡Porque les daba la clave de su vocación! Se sintieron llamados por amor y desde el amor…

Bien, esa es la atracción inicial, pero claro, la llamada hay que discernirla, y probarla (descubrir que es auténtica, que se funda en motivaciones verdaderas y que tendrá garantía de consistencia). Eso una pareja lo hace en el noviazgo… Y nosotros en la formación inicial, y especialmente en el Noviciado, que es como el noviazgo de la VC. Todos los religiosos marianistas recordamos nuestro noviciado como la cuna vocacional, pero luego la llamada se va configurando a lo largo de la vida, porque Dios sigue llamando… Y tienes que darle una respuesta, que siempre pasa por los demás. Él te espera en los demás.

Si estás interesado en saber más y en escuchar algunos testimonios vivos sobre esto:

“Sermarianista” (Portada de Ágora… o aquí)